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La mayoría de muertes podrían evitarse.

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El factor más determinante en la supervivencia de una víctima es el tiempo que pasa desde que empieza el ahogamiento hasta que alguien lo detecta. 

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Reducir ese tiempo
salva vidas.

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La evidencia es clara:
la mayoría de las muertes por ahogamiento se producen porque no se llegó a tiempo o nadie vio lo que estaba ocurriendo.

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Si la detección es inmediata, el rescate puede realizarse cuando la víctima aún es recuperable.

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Ahogarse ya mata más que los accidentes de tráfico.

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En España, el ahogamiento se ha convertido en una de las principales causas de muerte accidental.

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Aunque la percepción sea muy distinta, en nuestro país, un bañista tiene 13 veces más riesgo de morir que un conductor.

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472 

472 fallecidos en 2025

En 2025, 472 personas han perdido la vida en nuestras playas, ríos y entornos acuáticos. Y no son datos aislados, el 2024 fueron otras 471.

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La mayoría de estas muertes ocurren en zonas sin vigilancia o fuera del horario de salvamento, cuando no hay nadie observando el agua.

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El tiempo de reacción puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

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